Presentación

No es fácil, en estos momentos, encontrar artistas que hagan de la creación un ejercicio de verdadera libertad. Demasiado a menudo se deja que la tendencia preponderante, o una simple moda, se imponga a la espontaneidad y a un trabajo profundamente personal y riguroso. El resultado consistirá entonces en algo que pretende salirnos al paso para provocarnos, en vez de una obra viva que nos aproxime con hondura a la realidad y nos alimente interiormente.

Estas reflexiones vienen a la mente y al teclado del ordenador a propósito de Oriol Sábat, hombre joven, independiente, que se desenvuelve con una naturalidad y una pasión que imprimen carácter personal tanto a sus pinturas, dibujos, cerámicas y esculturas como a sus poemas. En él, artista plástico y poeta concuerdan perfectamente. Y hay, en todo ello, gran energía y pasión. Una pasión que discurre con ímpetu y a la que se sabe encontrar la medida. Como ocurre en los mejores casos, lo que hace es dejar que la obra sea, de acuerdo con una concepción que se va elaborando en el largo trabajo de gestación y ajuste.

La trayectoria de Oriol Sàbat, a pesar de las dificultades que encuentra actualmente todo creador, más aún si aspira a ser independiente, es sólida y su aportación, valiosa. Sus obras, ya se trate de una u otra disciplina, los reconocemos inmediatamente como suyos. Esta condición constituye, sin duda, una credencial. Y, lo que es esencial, está su calidad, la hondura de su visión y la entrega con que vive y para la que vive la creación artística.

J. Corredor-Matheos

Escultura en taller